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La gente no lo pilla (primera parte)

16/02/2010

Han pasado casi tres años desde el lanzamiento del iPhone (junio de 2007, según la omnisciente Wikipedia) y muchos todavía no pillan de que va el asunto. No les echo la culpa, en absoluto, porque yo era uno de ellos hasta hace poco. Muy poco.

Nokia N95 8GB

Antes de tener un iPhone era el afortunado poseedor de un Nokia N95 8GB. Un portento de teléfono móvil, potente, con un sistema GPS integrado fantástico, con un reproductor multimedia integrado, con una duración de batería excepcional y un sistema operativo en pleno auge (la Serie 60 de Symbian). Por tener, hasta tenía un conector USB estándar (lástima que no permitiese cargar la batería). Yo no necesitaba un iPhone, tenía un dispositivo mejor objetivamente en todos los sentidos.

Sin embargo apenas le di uso más allá de enviar mensajes o realizar llamadas. No navegaba por internet, porque el navegador era insufrible (y por las tarifas de datos). No instalaba aplicaciones, porque ni sabía dónde se conseguían ni jamás supe de ninguna que mereciese la pena molestarse en descargar. Bueno, miento, instalé el Rotate Me que permitía usar los acelerómetros para girar la pantalla según la orientación al igual que el iPhone. Al hacerlo descubrí que para instalar aplicaciones había que tenerlas firmadas digitalmente para que funcionen el el teléfono, proceso que se hace a través de internet. Les voy a ser sinceros, era tan ridículo, engorro e innecesario como parece. Tampoco ayuda que las actualizaciones de firmware fuesen casi nulas y que cada vez que salía una rompía casi tantas cosas como las que arreglaba.

Mi experiencia con el N95 se podría resumir en “energía potencial”. Yo intuía que estaba, pero el muy desgraciado me la escondía. Y si eso me pasaba a mí, que soy teleco, imaginen la experiencia que estaban teniendo la mayoría de usuarios.

Y en esto que, sin haber usado un iPhone en mi vida, apenas habiéndolo tocado un par de veces cuando estaba con amigos, me dije que si este cacharro que todo el mundo ponía por los cielos no era capaz de ofrecerme una experiencia de uso mínimamente valiosa, de permitirme aunque fuese mínimamente explotar su potencial, ninguno podría. Y me hice con uno. El resultado es que en mi primera semana ya le había sacado más partido que al N95 en todo el tiempo que estuvo conmigo. Para qué seguir hablando, ¿verdad?

Es cierto que todas las críticas que se le hacen al teléfono son ciertas y merecidas: La batería se agota en un suspiro y si pretendes darle un uso intenso tienes que tener un cable de carga a mano. El navegador no reproduce flash. No tiene un puerto USB estándar. Le faltan muchísimas opciones de configuración que algunos usuarios más avanzados echamos en falta. Su capacidad multitarea está limitada. La tienda online en la que se publican las aplicaciones es un mercado exclusivo y cerrado, dominado con mano de hierro por Apple. La más grave, quizá, es que como teléfono la cobertura no es nada especial y calidad del sonido es directamente mala.

¿Se trata entonces del teléfono perfecto que muchos comentan? No, por supuesto que no. ¿Es el iPhone el teléfono ideal para los ejecutivos, para los más jóvenes de la casa o para los tecnófilos? No, no y no. Los primeros necesitan una Blackberry, los segundos un teléfono sencillo que aguante un trato duro y los terceros un terminal menos restringido. Entonces, ¿todo esto que significa?, ¿es iPhone es un mal producto?

Desde luego que no. Preguntarse tal cosa hace tres años, tras el anuncio del mismo, era lo lógico y razonable. Pero hoy en día se trata de una cuestión que está fuera de lugar, el mercado ha hablado. El iPhone es un éxito rotundo de tal magnitud que los chichos de 1 Infinite Loop han redefinido los estándares que determinaban lo que es un teléfono móvil de gama alta.

¿Entonces, en qué quedamos?

Pues que, como todo producto, el iPhone está dirigido a un perfil de mercado, y es en este perfil concreto donde encaja a la perfección y sus defectos se ven reducidos a anécdotas. Esto es lo que da título a la entrada, es lo que la gente no pilla: Cada producto tiene un target y que, fuera del mismo, todo análisis que se realice no deja de ser anecdótico y, si se me permite, francamente intrascendente e irrelevante.

Por eso cuando personas de perfil muy tecnológico nos enfrentamos a un aparato como el iPhone tendemos a fracasar absolutamente en nuestros análisis. Yo estaba seguro de que el iPhone era una pijada inservible y lo defendía a capa y espada, pero luego la realidad se aburrió de mis tonterías y me dio con el iPhone en las narices. Ahora se ríe de mí a escondidas.

Uno no puede sino quitarse el sombrero el criterio y sentido común de casi todas las decisiones llevadas a cabo por Apple. Esto es algo que uno intuye cuando utiliza el teléfono, pero que solo se llega a entender completamente cuando entra a programarlo y empieza a documentarse sobre cómo funciona: La prioridad absoluta es que todo funcione bien. La experiencia de usuario es lo primero. Si una funcionalidad no está suficientemente desarrollada, no se incluye hasta que lo esté. No se permiten opciones que compliquen innecesariamente el uso del teléfono o que puedan perjudicar a la experiencia… Estos principios determinaron algunas decisiones polémicas, como por ejemplo restringir la multitarea a aquellas aplicaciones básicas para el dispositivo (teléfono, correo, notificaciones o la música) y que Apple pueda garantizar que no saturarán el sistema o lo vaciarán de batería en pocos minutos.

Muchos preguntan cuándo el iPhone permitirá la multitarea de aplicaciones. La respuesta puede decepcionarles, pero basta entender la filosofía del iPhone para darse cuenta de que no hay otra opción: Habrá multitarea cuando Apple considere que el sistema operativo y el hardware puedan digerirla sin que la experiencia de usuario se vea afectada, ni más ni menos.

Entiendo que para muchos el iPhone requiera realizar demasiados saltos de fe o pasar por demasiados aros, pero estamos de vuelta al punto de partida: Entender que el iPhone ni pretende ser el teléfono para todos ni podrá jamás serlo. El iPhone es el teléfono que funciona y, si quiere seguir siéndolo, va a necesitar seguir tomándose su tiempo.

De momento es todo, próximamente la segunda parte con muchos más asuntos interesantes sobre el iPhone (el éxito del dispositivo, la App Store, la importancia de la unidad de la plataforma iPhone OS, o la competencia, entre otros) y cómo todo esto nos lleva al nuevo producto de Apple, el iPad.

Ya está disponible la segunda parte.

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  1. Txesu Ramirez
    19/02/2010 a las 01:37

    Joder!!
    Qué gran análisis. Si este blog continua siendo tan interesante como hasta ahora se va a convertir en un medio de consulta indispensable para entender los nuevos medios.
    Felicidades!

  2. Yon
    19/02/2010 a las 09:48

    Me encanta el análisis, sobretodo en la parte que pones las cosas que los tecnófilos le tachamos al iPhone. Vale, no lo pillamos. Porque no es para nosotros un cacharro en el que no podemos instalarle lo que nos salga del pie para exprimirlo al máximo, para nosotros los HTC.

    Lo que estuvo MUY mal del iPhone fue el timo de “haced las aplicaciones web” (menos mal que sacaron un entorno de desarrollo) y que tardaran 3 versiones en sacar el producto completo.

    En el caso del iPad, lo primero ya viene resuelto por herencia, lo segundo parece que lo han vuelto a hacer por razones comerciales y veremos todavía un iPad 2 que en realidad será el producto completo que tenían que haber sacado.

    Por cierto, no se te olvide que Apple impone razones comerciales a muchas de sus decisiones: conectores propietarios, ecosistema iTunes…

  1. 01/03/2010 a las 19:55
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