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No quedan expertos

05/02/2012

La cultura “made in Spain” es realmente fascinante. A raíz de mi entrada anterior se me ocurrió esta (saliendo un poco de mi caso particular de aficionado a la programación y entrando en “el mundo laboral” en general).

Diseñar es difícil y requiere experiencia. No se trata solamente de disponer de la “paz de mente” necesaria para sentarse a planear cómo hacer las cosas sin apresurarse, es también contar con el bagaje para poder hacerlo bien. Lo primero es difícil de conseguir, lo segundo es casi utópico en este mundo de prisas y proyectos cambiantes.

O, al menos, esa es la sensación que me llega. Tanto a nivel “amateur” como profesional (y no hablo solo de programación) parece que en dividimos nuestros esfuerzos en tantos frentes que es realmente difícil llegar a ser un experto de verdad. En nada.

Se premia la multidisciplinariedad, pero en el fondo se termina con mediocridad. Las empresas en España no buscan gente excelente, por norma prefieren “todoterrenos” que cumplan con lo mínimo necesario, rápidamente, para poder pasar a otra cosa (o, mejor, simultanear varias cosas y no hacer bien ninguna). Los gestores lo llaman productividad, aunque todos lo conocemos como trabajo mal hecho.

No recuerdo haber visto nunca una oferta de trabajo en España que transmita “buscamos al mejor” o “necesitamos un experto en tal área, y punto”. No. Todas ocupan un folio y la lista de requerimientos suele abarcar desde lo inviable (menor de treinta, cinco años de experiencia y titulado superior) hasta el cachondeo absoluto (experto en .net, Java, PHP y Oracle, dotes de gestión, ITIL, MBA, inglés, francés, alemán y dominio de la Thermomix -repostería, salsas y cremas). La culpa es también de las empresas que contratan, que toleran estos comportamientos, buscan el precio más bajo y, en general, también están llenas de todoterrenos agobiados y a los que les da igual cómo salga el trabajo contratado.

Y claro, luego pídele al señor .net, Java, PHP y Oracle que te diseñe algo. O que te planifique un proyecto… Lo que sale, por supuesto, es una crema de berros con lentejas. De ahí el imprescindible dominio de la Thermomix. Así nos va.

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