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Soluciones sencillas a problemas que nunca fueron complejos

26/01/2013

A principios de semana intentaron robarme el coche. Ignoremos “el cómo y el por qué” (¿qué más dan?), el resultado es lo importante; y este fue que la puerta había sido forzada por su parte superior. Entraba agua, entraba aire muy frío… y hubiese entrado prácticamente cualquier cosa. Una perspectiva poco halagüeña.

La solución pasaba por buscar un taller, llamar, llevar, presupuestar, reparar y pagar. Business as usual, y me inundaba una mezcla de pereza (ahora a estar varios días sin coche…) y ardor estomacal (ahora pagar por la gracia…).

Como no tenía nada que perder, se me ocurrió preguntar en el taller de la esquina (que no era de chapa, sino de mantenimiento básico… cambiar aceite y reparar pinchazos). Por preguntar, seguro que sabrían decirme dónde llevarlo. Era viernes bien entrada la tarde, y pillaba a los mecánicos en el “descanso del piti”. Miraron la puerta, dijeron “cuánto cabrón”, lo metieron dentro sobre la marcha. Cogieron un taco de goma, lo pusieron entre la puerta y el pilar b e hicieron algo que me dejó perplejo: empujar a saco paco. Dos empujones, dos, y la puerta estaba en su sitio. Tiempo empleado en la operación: 30 segundos.

Ni que decir tiene que solté una carcajada y les invité a un café por las molestias, no aceptaron porque tenían que seguir trabajando.

Y es que no hay nada como una solución sencilla a una situación que nunca fue un problema. No sé si es la edad, la carrera, el trabajo o algún trastorno degenerativo en mi cerebro pero me sentí realmente estúpido. ¿Cómo es que lo más evidente no se me había pasado por la cabeza? ¿Ni siquiera intentarlo? Espero haber aprendido la lección…

Pensaré antes de actuar,
no sobrestimaré los problemas,
intentaré buscar soluciones antes de “mirar hacia fuera”, y lo más importante…
nunca, nunca, nunca subestimaré el método ruso :)

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  1. Txesu Ramírez
    27/01/2013 a las 11:15

    De verdad te digo que no hay nada como las perspectivas completamente alejadas de las de uno para solucionar algunos problemas. Cuando llevo demasiado tiempo enfrascado en algo complejo (tipo trabajo estresante) y se me plantea solucionar algún problema, normalmente acudo a alguien que nada tiene que ver con mi habitual vida. Esas soluciones que aportan las personas de las que menos esperas, por momento pueden llegar a ser extraordinarias.
    Por todo ello, siempre digo que hasta del que parece más tonto siempre hay algo que aprender.

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