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El Método Jobs

10/03/2013

Llevo unas semanas profundizando en la bibliografía oficial de Steve Jobs (en formato electrónico). Muchísimas cosas pueden aprenderse de la misma, y yo la recomiendo tanto por lo que se aprende de ella como por todo lo que da de pensar (al final de la entrada hago una mini-crítica para el que esté interesado).

En concreto si algo me ha sorprendido es lo tremendamente atractivo que tiende a resultar “El Método Jobs”. Nos hemos criado en una cultura tremendamente disciplinada y jerarquizada, en la que se nos vende la máxima del paradigma democrático-meritocrático: sé el mejor, destaca, y serás elegido para dirigir la batuta. Steve Jobs, sin embargo, representa el caos absoluto de la gestión, una autocracia completa fundamentada en el carisma-liderazgo-manipulación de su líder, alrededor del cual orbitaba toda una corporación multinacional.

En el libro hay cientos de ejemplos, pero uno de los más llamativos fue lo sucedido en 1998, justo a la vuelta de Steve Jobs tras haber sido expulsado de Apple. Venía de crear NeXT y de transformar Pixar en un gigante de la animación, y aceptó ser CEO interino con carácter temporal (iCEO, curiosamente).

En esta época entabló una especial especial relación con Jony Ive, quién había elaborado un diseño totalmente novedoso para el futuro iMac: integraba el monitor con la torre y tenía una carcasa translúcida con asa que parecía un alien entrañable. Steve se enamoró del diseño y comenzaron a iterar sobre el mismo, sin importarle otras opiniones: la junta estaba muy preocupada por los números, en una empresa normal una decisión como esta hubiese llevado meses adoptarla, y debería estar sólidamente apoyada por análisis de mercado y de viabilidad económica; los ingenieros por otro lado tampoco estaban muy contentos, hacer una carcasa translúcida, redondeada y que soportase el peso del ordenador en la zona del asa iba a resultar muy complicado y caro de fabricar.

Al año siguiente, cuando el iMac fue un éxito, Jony no dudó en dar el siguiente paso: ampliar la gama de colores del azul bondi original a otros cuatro adicionales. Ni que decir tiene que Jobs lo aprobó de inmediato, y luego pasaron los siguientes meses peleándose por lograr el tono exacto de color que buscaban. No importaba cuantos millones de dólares costase el retraso, Steve no aprobó la nueva gama de ordenadores hasta que no encontró los colores que él consideraba perfectos.

Se trataba de un dictador con poderes absolutos, perfeccionista hasta lo enfermizo y tremendamente emocional. Era capaz de echarse a llorar cuando detectaba haber pasado algo por alto (el primer iMac tenía un lector de CD de bandeja… nunca se perdonó aquel descuido), de mentir y de manipular sin pudor para lograr lo que buscaba, así como de cancelar una división completa de la empresa por motivos personales. Y sin embargo, lo que nos queda es su imagen de visionario, de persona que no necesitaba estudios de mercado y de amante de la fusión entre arte y tecnología. En este sentido me recuerda al caso de los grandes deportistas como Jordan o Maradona, cuyos méritos son tan grandes que en cierta forma diluyen sus defectos.

A mi personalmente me ha parecido una lectura fascinante, me ha inspirado y fortalecido muchas de reflexiones que había realizado a lo largo de los años sobre lo que representa montar una empresa: El empresario ha de involucrarse personalmente en todas las áreas de la organización. Su liderazgo debe abarcar todas sus áreas y ha de sustentarse en usa filosofía que todos puedan entender y compartir. La estética y la función son uno. De nada sirve un producto que sea una belleza, pero que fracase en su cometido; de nada sirve un producto que exceda las expectativas si no es capaz de transmitir una emoción al que lo utiliza. El demonio, el éxito, el mérito y la ovación están en los detalles…

Pensar en ello también me ha servido para darme cuenta de algo que, si bien no es objetivo, sí es algo que a mi me gusta personalmente. Me encantan las empresas de propiedad privada, generalmente pequeñas o medianas, que conservan íntegramente su poder de decisión y su capacidad para mantener intacta la visión que las hizo nacer y crecer. Esa magia casi siempre se pierde cuando las empresas crecen y sienten la tentación de ampliar capitar, dejar entrar inversión externa y, sobre todo, cuando se abren al público en general saliendo a bolsa. Dejan de tener encanto y pasan a ser máquinas de hacer dinero, esclavas de sus accionistas. Lo realmente llamativo de Steve Jobs es que logró lo que casi nadie ha conseguido: ser el CEO de una corporación pero seguir comportándose y dirigiendo la empresa como si nunca hubiese abandonado su garaje. Era su empresa, y el decidía, ¿accionistas, junta de directores, asesores? existían en un plan paralelo. Apple era Steve, y Steve era Apple. Los demás miraban… cuando Steve les dejaba.

Pero eso es algo que dudo mucho que vuelva a suceder. Por eso, larga vida a las empresas que mantienen su ADN y que se niegan a salir a bolsa, solamente ellas podrán darnos una alegría de vez en cuando, y una pizca de originalidad radical. Pese a que ello implique que sus creadores no entren en la lista de Fortune 500 y se queden en meros millonarios.

Sobre la bibliografía

No la recomiendo por conocer la vida de Steve (que como muchos sabrán fue todo un personaje), sino porque es una ventana abierta de par en par a todas las empresas que han definido Silicon Valley en las últimas décadas (Atari, Microsoft, Xerox, Apple, Dell, Pixar, Adobe…), personas que había detrás y cómo se relacionaban. El libro es profundo y meticuloso, cubre desde eventos relevantes hasta detalles infinitesimalmente anecdóticos, y tiende a resultar deliciosamente agotador.

¿Lo peor? que adolece del síndrome de la publicación prematura: la muerte de Jobs precipitó la salida del libro al mercado y se nota que un poco más de revisión editorial le hubiese venido de perlas para limar asperezas (ejemplo habitual: ideas o personajes que ya han sido introducidos se presentan de nuevo en capítulos posteriores).

En todo caso, tremendamente recomendable. Hay muchísimas cosas a las que aspirar en sus páginas recogidas, y también resulta una “guía de malas prácticas a evitar” de lo más completa, ¿qué más se puede pedir?

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